“Guía rápida para sentirse mal consigo mismo sin necesidad” – Breve historia de un vestido, una Barbie y su ogro

Es que mi amiga se veía como una Barbie. Era una muñeca de carne y hueso. Creo que he visto pocas novias tan bonitas y perfectas en el día de su boda civil. Bueno sí, las de las revistas. No es solo porque la adoro. Es que ella escogió un vestido que era una combinación hermosa entre romance, bordado y pedrería de buen gusto. Estaba llena de detalles elegantes, un maquillaje genial y fotos tomadas en medio del bosque para darle a todo aquello un aire etéreo, de cuento de hadas.

vestido de novia perfecto

Aun recuerdo cuando me mando la foto de este lazo, 6 meses antes de la boda, porque queria que “todo coordinara con ese color”… sin comentarios

¿Y adivina qué? Que al novio no le gustó el vestido… ni el peinado… y le pidió a mi amiga que cambiara todo para el día de la boda religiosa (o sea, a la semana siguiente).

¿Pero qué sabe el novio de moda? ¿O de vestidos de novia? ¿Y de lo mucho que ella tardó en escoger (y comprar) ese vestido, incluso antes que se comprometieran? ¿De la ilusión que le provocó? ¿De las noches que se soñó casándose con él? Bailando. Recibiendo invitados. Tomándose fotos que estarían en la mesa del comedor por los próximos 50 años. El novio ni idea de eso. A él simplemente no le gustó. Aunque era precioso y no podía ser más perfecto. Al tipo no le gustó. Y mi amiga le hizo caso y fue corriendo a comprar otro. Con toda prisa, una semana antes de la fiesta, con gastos extras, estrés, consiguiendo un vestido que ella no soñó, que no le gusta tanto, con el que no está tan cómoda… con ese se va a casar. Con ESE. ¿Para darle gusto al novio?

Y es que la gente se quiere meter en lo más recóndito de tus decisiones. Aún en las más íntimas. Aún en las que has estado pensando por meses. Aún en esas que te ilusiona llevar a cabo. Y aún cuando hayas tomado la decisión más perfecta, con resultados que no pueden ser mejores, los Barbie de los resultados, aun así habrá a quien no le parezca bien, que no le guste y que pida que cambies. Por mucho que te ame. Por mucho que respete quien eres. Esa misma persona se equivoca (a veces o muchas) en aconsejar o pedir que te dediques o cambies algo. Y la respuesta es simple. Yo creo que NO (como en flashback al Manual de la Perfecta Cabrona)

Y es que cuántas veces he escuchado yo consejos que me han dado, 99% de las veces sin haberlos pedido, en que me recomendaban cosas que no tenían nada que ver conmigo.

Si llego en algún momento de mi camino, a tener una idea, negocio, trabajo, visión, blog, tienda o lo que sea, con el que me vea (y sienta) radiante, feliz y llena de impulso para seguir adelante, recuérdenme no dejar que nadie me diga que no le gusta, o que me vería yo mejor con otro vestido…

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