Ser exitoso en la mediocridad

No sé si porque ya casi es Navidad ando de un humor muy grinch, pero con la edad (o con esta temporada) me he vuelto mucho mas crítica en los productos, resultados o propuestas de la gente.

Sé que a todos nos cuesta mucho trabajo salir a ofrecer un producto o servicio, crear algo desde cero, estar en una oficina de 9 a 6, etcétera. Se necesita mucho esfuerzo y lo sé.

Pero, aunque todo ese esfuerzo y dedicación y buenas intenciones estén a nuestro alrededor, también tengo la impresión de que hay muchas cosas allá afuera, con una calidad discutible y resultados más bien mediocres. Y sin embargo tienen un éxito espectacular.

He visto bloggers que escriben de manera muy regular a mi parecer, con historias simples, sin una propuesta maravillosa y que hasta les hicieron películas de sus textos. O Instagrammers que tienen una cuenta de miles y miles de seguidores, pero con fotos totalmente ordinarias y sin nada original, que les dedican hojas de revistas en entrevistas, los invitan a hacer conferencias, y cuando ves lo que ofrecen, no alcanzas a ver nada.

¿Me da envidia? Claro. Y de la mala. Coraje que gente que no aporta gran cosa sea la que se lleve los reflectores. ¿Que yo quisiera estar en el reflector? No precisamente. Pero sí me gustaría ver que las personas talentosas son reconocidas y no al contrario.

Todos conocemos casos así. De escritores. Bloggeros. Programas de televisión. Gobernantes. Hasta nuestro jefe o compañeros de trabajo.

Hay mucha gente a nuestro alrededor que es ascendida, promovida, gana premios, le pagan millones por dar conferencias, se hacen millonarios o hasta famosos… y siguen siendo mediocres y sin una propuesta de valor.

Quizás en muchos de ellos, hay algo que hacen diferente al resto: Se saben vender / Demuestran lo poco (o  mucho) que han hecho / Gritan a los cuatro vientos lo que han alcanzado o lo que hicieron bien. Y saben ser los mejores mercadólogos de sí mismos.

No tienen tantas dudas como el resto de nosotros, ni ese miedo paralizante a la hora de mostrar lo que han creado. No hay vacilación en ir adelante y hacer las cosas, sin buscar que sean grandiosas o inclusive de buena calidad. En decir y promulgar sus logros. Sin empacho al que dirán. Sin esa vocecita que otros tenemos de “no, no lo digas / a nadie le importa / nadie quiere escuchar eso / en realidad no es tan importante / creo que no quedó tan bien / hay otros mejores que tú”.

Y entonces si veo eso a mi alrededor, ¿por qué se supone que a mí me debería dar vergüenza salir al mundo a hacer lo que yo quiero si ya hay tanta gente que se exhibe y da pena ajena? ¡Pues da igual! Habría que salir y hacer. Quitarse el miedo y hacer (y decirlo). Que de cualquier forma no podría ser yo tan mala como algunos allá afuera…

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Cómo pasar un fin de semana consigo mismo sin matarse. O guía para crear un auto-retiro-espiritual-gratis desde cero

Se avecina un “puente” en la ciudad. Para los no-mexicanos, esto significa días de vacaciones ligados a un fin de semana. Por lo que tendré cuatro la próxima semana. Y en ocasión de esto, uno de los únicos centros medio-holísticos medio-zen de la ciudad, organizaría un retiro espiritual-artístico (que no religioso) de poco menos de dos días.

500 dólares la entrada.

No gracias (¡¡pero incluye comidas!!) No gracias. Muy caro.

Así que decepcionada seguí con mi vida pensando qué hacer ese fin. Con una pequeña espina dentro que me llamaba a pagarlo y otra diciéndome que estaba loca y que estaba muy caro para lo que era. En fin, el otro día leía en un libro que la autora se auto-organizaba sus mini-retiros, donde meditaba, hacía  yoga, salía a la montaña a caminar, leer, obvio sin WiFi. Y se me encendió un gran foco. Y es que en esta vida lo mejor viene gratis.

Mi primera especie de retiro fue cuando era adolescente. Aunque no lo volvería a repetir con la misma temática, siempre me pareció genial el tener un tiempo y espacio para conectar conmigo misma. No sólo por la experiencia en sí, sino por los resultados, por la energía desbordada en el después. Con el ímpetu y la sonrisa en la boca apenas acabar. Hice algunos, como ya dije, en mi adolescencia y universidad y llevo sin practicarlo ya más de 10 años.

Quiero (o necesito) un tiempo conmigo, no de estar apapachándome** (¿Sabes el significado de la palabra? Googlealo, es hermoso de verdad) no de hacerme mascarillas de aguacate mientras veo películas, sino más de introspección, relajación, meditación y conexión conmigo misma. No es que me sienta desconectada o enloqueciendo o súper estresada. Es sólo que recuerdo con tanto cariño el nivel de energía exquisita que se siente después de haber planeado una cita conmigo misma, además de luz e ideas que llegan durante, que ansío retomarlo y aventurarme de nuevo.

Muchas cosas han pasado por mi cabeza de cómo hacerlo, o qué es lo que de verdad quiero hacer. Y como siempre, he googleado a más no poder el formato (¿porque de eso se trata la vida adulta cierto? De googlear todo lo que no sabes cómo hacer, que de hecho es el 80% de la vida), y combinado con mis ideas esta es mi guía para prepararte tu propio auto-retiro en casa:

  1. Definir Objetivos.

Tuve alguna vez una jefa que insistía todo el tiempo en cuál era el objetivo de esto, aquello, la presentación, la junta, el evento, lo que fuera. Al inicio era odioso contestar toda la vida eso, pero en realidad, creo que me dejó muy claro que lo primero primero es saber reconocer cuáles son nuestros objetivos. En cualquier cosa. Y mi mini retiro no sería diferente. Para encontrarlo puedes plantearte algunas preguntas como:

  • ¿Por qué quiero tener un mini retiro?
  • ¿Qué quiero alcanzar?
  • ¿Qué quiero mejorar en mi mism@?
  • ¿Qué es lo que está faltando en mi vida?
  • ¿Dónde noto que regreso a viejos (y dañinos) hábitos o patrones de conducta que me gustaría transformar para siempre?
  • ¿Qué energía me gustaría llamar a mi vida?
  • ¿Qué promesas necesito hacerme a mi mism@ para vivir mi vida más plenamente?

Y todo lo fui escribiendo. Las respuestas a cada cosa. Así fue como decidí el “tema” de mi retiro, qué era lo que quería alcanzar y cómo debía terminar.

 2. Definir qué actividades querrías hacer

En este caso, no tan científico, pero simplemente hice una lista de cosas que me llenarían el alma de vida. Yo sé que tomar tequila con limón también me llena el alma, pero sabes a lo que refiero. Aunque todo el mundo relaciona la yoga con la relajación, la meditación, el ser mejor persona y etcétera, a mí no. Así que eso quedó descartado de mi lista. Y me puse a hacer una lista de actividades que de verdad me gustan. Como ir a la playa, tomar un baño de burbujas, bailar, escribir, cocinar, leer y hacer ejercicio.

    3. Hacer una agenda

Sé que suena a régimen militarizado, pero es que si no nos ponemos límites, podemos terminar viendo la boda del amigo del primo en Facebook por una hora (no es que me haya pasado nunca).

Un itinerario detallado ayuda a enfocarse a lo que uno quiere hacer. Y parece bobo, pero requiere algo pensar cuánto tiempo se quiere tomar en cada cosa, cuál sería la secuencia lógica y cómo ir llevando la energía del retirito hasta su culminación.

   4.  No tener contacto tecnológico.

Ni WiFi, de preferencia. En mi caso, lo hice en casa, porque me conozco y sé que fuera tendría muchas distracciones. Hay quienes se van una semana al bosque, o a una cabaña solitaria. En mi caso no tengo ni una ni otra opción, así que lo hice dentro de mi departamento. Pero sin celulares cerca, sin la computadora, sin hablar con nadie, sin distraerme.

       5.  ¿Te gustan los rituales? Crea uno

Los seres humanos somos adictos a los rituales. A comprarnos siempre ese chocolate antes de abordar un avión, comprarme un gran chocolate frappe para celebrar un nuevo trabajo (en mi caso), celebrar un cumpleaños con velas y pidiendo deseos. En fin, nos gustan. Así que podemos incorporarlo al retirito. Algo que marque el comienzo y el final por ejemplo. Un ritual que destaque claramente que estamos cerrando el retiro. No es nada mas saltar de la  meditación profunda a luego ver videos de gatitos en YouTube, hay que darle una fluidez al final y que sepamos cuando acaba exactamente.

Y tú, ¿has hecho alguno? Auto-creado o guiado por alguien más. ¿Cómo te ha ido? Cuéntame tu experiencia.

como hacer un auto retiro

El mito del mojito junto al mar. ¿Que le puedo aprender a los emprendedores?

Me encanta escuchar historias de gente que ha logrado combinar algo a la vez les apasiona y les da de comer. ¿Te fijaste cómo evité la palabra trabajo? Porque ya de momento suena como muy fuerte, como aburrido. Más bien esta gente privilegiada (y que envidio con locura) encontró algo con qué generar dinero haciendo algo que realmente les gusta.

Conclusión, amo escuchar y aprender de estas vidas. En cualquier formato: podcast, entrevistas, videos, sus propios blogs, todo lo que pueda. Lo tomo como inspiración, pero también para conocer cómo fue su proceso, qué los llevó ahí, qué hacían antes, cómo empezaron a cambiar de rumbo y las dificultades que se encontraron en el camino.

Y he notado varias cosas en común. No es que haya leído millones de entrevistas y analizado con rigor científico las respuestas. Esto es sólo mi percepción. Es el sabor de boca que me queda:

  • Hay mucho trabajo detrás (y cuando digo mucho, es demasiado, es de medianoche, fines de semana, exhaustivo, de ese tipo de mucho). Varios han llegado a momentos en que ya no pueden más, en que les resultó muy pesado emprender y pensaban tirar la toalla. Que han tenido que cambiar de dirección porque la cantidad de tareas por hacer ya era exorbitante. Algunos son ex-adictos al trabajo, ya reformados, otros lo siguen siendo y sueñan con algún día relajarse un poco y aligerar el paso.
  • Hay una creación y mejoramiento constante. De contenido, productos, servicios e ideas. Un producir, inventar, crear, combinar algo y de manera muy frecuente. No se quedan con la “gran idea que se me ocurrió en 1973” o con lo que funcionó en el mercado hace 15 años. No, son personas que están pensando constantemente en cómo evolucionar su negocio, su página, su blog, sus servicios, sus emails, su logo. Vaya, que el To Do List de cambios y factores por mejorar es inacabable.
  • Se han “lanzado” a la aventura. Se han atrevido. No se quedaron con el hubiera. No necesariamente son de valentía sin igual, pero en algún momento de la vida pensaron, como decimos en Mexico “ingue su”. Es decir. Pues vamos, a por todo. Y a ver qué pasa. Aunque no esté perfecto el producto. Aunque aún falten muchas cosas que mejorar. A pesar que les hayan dicho que estaban locos. No importa. Sacaron a la luz su producto o servicio, se enfrentaron con el mundo y resultó (Porque la que no enseña, no vende – ah no, ¿ese refrán es para otra ocasión, cierto?).
  • Tienen un alto sentido de la organización y planeación. Nada de ideas abstractas en la cabeza. No son los hippies desorganizados, que no saben ni donde tienen la cabeza, y que no tienen ni rutina ni horario. No. Todo lo contrario. En casi todos he notado que llevan su organización al extremo, con aplicaciones en el celular, sistemas, post-its, Evernote, libretas, colores, calendarios, lo que sea. Han encontrado sistemas o los han inventado, para llevar a cabo toda esa tarea descomunal de emprender o ser autónomos.

Y me llama la atención porque muchas veces tenemos (o más bien tengo) la idea de que estas personas que han logrado hacer algo que les apasiona y aman su trabajo, aquellas que están realizadas profesionalmente (sobre todo los que lo hacen desde una computadora) están tomandose un mojito en la playa mientras están pensando en la nueva estrategia de su mini-empresa o contestando comentarios en su blog. Y no. En realidad lo que pasa es que están trabajando 12 horas (o más) frente a la laptop y haciendo su trabajo en un cuarto sin ventanas y rodeados de 3 libretas con apuntes e ideas, infinidad de listas de tareas por hacer y añoran llegar a un punto en el que tengan esa libertad de tomarse el mojito junto al mar. Así como todos los demás mortales soñamos cuando somos empleados de 9-6.

el mito del mojito en la playa

Es curioso, pero me gusta el aprendizaje de todo esto. Me lleva a lo mismo que he sabido toda la vida. Que los resultados y el crecimiento (profesional o personal) sólo se consiguen cuando tienen detrás un número descomunal de horas invertidas. Que no hay como ese trabajo fácil y de ratitos. Ese dinero y éxitos bajados del cielo. Esos no existen, son de película (o de un tío millonario que tuvo la gracia de incluirte en su testamento).

Curiosamente no me desanima. Me inspira a trabajar más, crear con mas calidad, escribir, organizarme mejor y estar consciente que obtendré resultados algún día.