El mito del mojito junto al mar. ¿Que le puedo aprender a los emprendedores?

Me encanta escuchar historias de gente que ha logrado combinar algo a la vez les apasiona y les da de comer. ¿Te fijaste cómo evité la palabra trabajo? Porque ya de momento suena como muy fuerte, como aburrido. Más bien esta gente privilegiada (y que envidio con locura) encontró algo con qué generar dinero haciendo algo que realmente les gusta.

Conclusión, amo escuchar y aprender de estas vidas. En cualquier formato: podcast, entrevistas, videos, sus propios blogs, todo lo que pueda. Lo tomo como inspiración, pero también para conocer cómo fue su proceso, qué los llevó ahí, qué hacían antes, cómo empezaron a cambiar de rumbo y las dificultades que se encontraron en el camino.

Y he notado varias cosas en común. No es que haya leído millones de entrevistas y analizado con rigor científico las respuestas. Esto es sólo mi percepción. Es el sabor de boca que me queda:

  • Hay mucho trabajo detrás (y cuando digo mucho, es demasiado, es de medianoche, fines de semana, exhaustivo, de ese tipo de mucho). Varios han llegado a momentos en que ya no pueden más, en que les resultó muy pesado emprender y pensaban tirar la toalla. Que han tenido que cambiar de dirección porque la cantidad de tareas por hacer ya era exorbitante. Algunos son ex-adictos al trabajo, ya reformados, otros lo siguen siendo y sueñan con algún día relajarse un poco y aligerar el paso.
  • Hay una creación y mejoramiento constante. De contenido, productos, servicios e ideas. Un producir, inventar, crear, combinar algo y de manera muy frecuente. No se quedan con la “gran idea que se me ocurrió en 1973” o con lo que funcionó en el mercado hace 15 años. No, son personas que están pensando constantemente en cómo evolucionar su negocio, su página, su blog, sus servicios, sus emails, su logo. Vaya, que el To Do List de cambios y factores por mejorar es inacabable.
  • Se han “lanzado” a la aventura. Se han atrevido. No se quedaron con el hubiera. No necesariamente son de valentía sin igual, pero en algún momento de la vida pensaron, como decimos en Mexico “ingue su”. Es decir. Pues vamos, a por todo. Y a ver qué pasa. Aunque no esté perfecto el producto. Aunque aún falten muchas cosas que mejorar. A pesar que les hayan dicho que estaban locos. No importa. Sacaron a la luz su producto o servicio, se enfrentaron con el mundo y resultó (Porque la que no enseña, no vende – ah no, ¿ese refrán es para otra ocasión, cierto?).
  • Tienen un alto sentido de la organización y planeación. Nada de ideas abstractas en la cabeza. No son los hippies desorganizados, que no saben ni donde tienen la cabeza, y que no tienen ni rutina ni horario. No. Todo lo contrario. En casi todos he notado que llevan su organización al extremo, con aplicaciones en el celular, sistemas, post-its, Evernote, libretas, colores, calendarios, lo que sea. Han encontrado sistemas o los han inventado, para llevar a cabo toda esa tarea descomunal de emprender o ser autónomos.

Y me llama la atención porque muchas veces tenemos (o más bien tengo) la idea de que estas personas que han logrado hacer algo que les apasiona y aman su trabajo, aquellas que están realizadas profesionalmente (sobre todo los que lo hacen desde una computadora) están tomandose un mojito en la playa mientras están pensando en la nueva estrategia de su mini-empresa o contestando comentarios en su blog. Y no. En realidad lo que pasa es que están trabajando 12 horas (o más) frente a la laptop y haciendo su trabajo en un cuarto sin ventanas y rodeados de 3 libretas con apuntes e ideas, infinidad de listas de tareas por hacer y añoran llegar a un punto en el que tengan esa libertad de tomarse el mojito junto al mar. Así como todos los demás mortales soñamos cuando somos empleados de 9-6.

el mito del mojito en la playa

Es curioso, pero me gusta el aprendizaje de todo esto. Me lleva a lo mismo que he sabido toda la vida. Que los resultados y el crecimiento (profesional o personal) sólo se consiguen cuando tienen detrás un número descomunal de horas invertidas. Que no hay como ese trabajo fácil y de ratitos. Ese dinero y éxitos bajados del cielo. Esos no existen, son de película (o de un tío millonario que tuvo la gracia de incluirte en su testamento).

Curiosamente no me desanima. Me inspira a trabajar más, crear con mas calidad, escribir, organizarme mejor y estar consciente que obtendré resultados algún día.

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